Aquiles Montoya (*)

SAN SALVADOR-Si analizamos la problemática ambiental igualmente encontraremos que tras de la misma lo que se encuentra es el sistema capitalista y su búsqueda incesante de beneficios. El caso de la finca El Espino es un símbolo de todo el daño ecológico que efectúan los constructores sin que les importe un comino, siempre y cuando obtengan beneficios. Hubo protestas, hubo alegatos, hubo razonamientos, ¿qué no se hizo para detener la destrucción del bosque? Y sin embargo, nada fue capaz de detener la voracidad de los empresarios capitalistas. Nos argumentan que son los costos del progreso. El progreso, ¿de quién? Será en todo caso el de los ricos y a la larga, ni el de ellos, porque si convertimos el país en un desierto de asfalto y cemento, no habrá vida para nadie. Y eso es lo que están generando los constructores con su modelo expansivo de viviendas, el peor modelo para un país como el nuestro y con el agravante, que eligen zonas de tierras fértiles, con vocación agrícola, para construir miles de minúsculas casitas. ¿Por qué operan así? Porque lo único que les importa es la rentabilidad. ¿Y no sería posible evitarlo? Como no, cambiando el sistema. Cambiar el gobierno no basta, en tanto que el gobierno lo que persigue es la reproducción del sistema, así está diseñado todo el sistema jurídico y político. Pero abundemos en ejemplos: sabido que el asbesto debido al amianto que contiene produce cáncer y no obstante, se sigue produciendo láminas de asbesto y los constructores las siguen usando, ¿por qué? Porque rinde beneficios, de igual manera se sigue vendiendo productos que contienen Clorofluorocarbonos a pesar de que destruyen la capa de ozono; o se siguen usando vehículos que con sus emisiones ocasionan el efecto invernadero, además de contaminar el aire, las fábricas siguen contaminando el aire y el agua con sus emisiones o desechos tóxicos, etc. ¿Y por qué no actúan de otra manera? Porque se verían disminuidos sus beneficios. En última instancia, encontramos siempre: la rentabilidad del capital. Y todo te lo pueden perdonar, menos que atentes contra la sacrosanta rentabilidad del capital. Por esto, también es que soy anticapitalista.

Otra forma de comprender el sistema capitalista en nuestro país es analizar el modelo neoliberal maquilero, el cual es fácil comprenderlo, porque se reduce a cuatro elementos: el capital maquilero no paga impuestos, paga bajísimos salarios, exige grandes obras de infraestructura, así como servicios baratos y eficientes, todo para apropiarse de exorbitantes ganancias. Al no pagar impuestos es un capital subsidiado por el resto de la sociedad, la que tiene que cargar con los gastos en infraestructura. Siendo maquila no demanda materias primas producidas localmente, en consecuencia no estimula el crecimiento económico. Lo poco que se quedaría en demanda nacional vía salarios, también se va porque gracias a la apertura comercial la industria nacional casi ha desaparecido y finalmente, los elevados beneficios que se apropian son transferidos al exterior. Cuando los gobiernos se ufanan de la maquila es porque se creen muy listos y piensan que el resto de la sociedad está constituida por imbéciles.

Ahora bien, si la cosa es tan sencilla ¿por qué no resulta evidente? Primero porque no es evidente y no lo es porque una característica importante del sistema es el enmascaramiento, la metamorfosis de la realidad o la fetichización de la misma, lo cual se encuentra en la raíz del sistema mercantil capitalista.

Desde el momento en que consideramos a los productos del trabajo humano como mercancías, como valores, y no como simples objetos útiles, se desencadena toda una gama de fetiches que nos dominan, que nos esclavizan y que nos llevan a necesitarlos y a quererlos –como el adicto quiere la droga- y a hacer todo aquello que sea necesario para tenerlos. Así es el capitalismo, así funciona.

Nuestros hábitos de vida, de trabajo, nuestros valores, nuestros principios, nuestros sueños, nuestros anhelos van siendo condicionados por los fetiches. Fetiches que tienen su origen en una cosa tan simple y a la vez tan compleja como lo es la mercancía. De allí que mientras sigamos considerando a los productos del trabajo como mercancías, -lo cual es un producto social, obviamente, y al ser así no puede verse como algo natural-, no podremos liberarnos de los otros males que se derivan de tal fetichismo. Ello, a mi juicio, es una razón importante para ser anticapitalista, porque el capitalismo ha expandido a la enésima potencia, no sólo el fetichismo mercantil, sino el fetichismo de las marcas, del capital, de la riqueza, de las cosas materiales, etc. De lo cual se deriva la ausencia de valores importantes que deberían de caracterizar a la humanidad y al humanismo, como la cooperación, la solidaridad, la libertad integral y la auto realización personal .

Y de este fetichismo no escapan tampoco los empresarios, el capitalista quiere acumular más capital y nunca será suficiente todo el capital que acumule por mucho que éste sea y en ese proceso de voracidad sin límites no le importan los medios que emplee para incrementar su fortuna: el pagar bajos salarios, el expoliar, explotar o reprimir a los trabajadores resulta la cosa más normal del mundo, el evadir impuestos se justifica mediante argucias legales, el comprar funcionarios, jueces, abogados, militares, policías, políticos se presentan como gastos de funcionamiento del capital; el destruir la naturaleza, el medioambiente como los costos del progreso. La voracidad sin límites de ganancias la justifican alegando que gracias a ellos se generan puestos de trabajo. Y para que los capitalistas más grandes se puedan comer a los más pequeños sin ninguna dificultad, nos argumentan que gracias al libre mercado se estimula la competencia, la eficiencia y se incrementa la productividad. Pero nunca nos dicen, cual es en verdad su sueño más anhelado: el poder acumular riqueza sin tener que contratar trabajadores, por tal razón es que cualquier maquinaria o equipo que reemplaza el trabajo humano es recibido con una encantadora pero macabra sonrisa de felicidad. Sin reparar en que si no hubiera trabajadores, no habría consumidores y no podrían vender sus mercancías y no existiría capitalismo. Esta es la mayor paradoja del sistema: la búsqueda de incrementar beneficios conduce a los empresarios a incrementar el capital constante y a disminuir el capital variable, sin percatarse que con ello se juegan la vida.

El capitalista es, ciertamente, un victimario del resto de la sociedad pero a su vez se convierte en víctima del sistema. En la medida que es la personificación del capital, tiene que actuar conforme a la lógica del capital, es un engendro del capital y tiene que servirle, que adorarlo y ser su esclavo. Si no acumula, si no crece, terminará siendo devorado por otros capitalistas. Su vida depende de acumular más y más capital. Y el capital va generando toda una red jurídica, ideológica, política en la cual el capitalista es cazador y presa, se sirve de ella, pero es prisionero de la misma.

Un ejemplo de la monstruosidad que es capaz de generar el capitalismo la observamos en los extremos a que ha llegado la voracidad de los capitalistas gringos en nuestro tiempo, lo cual no es totalmente nuevo, antes fueron los ingleses, los franceses, etc. pero si lo es en términos de cinismo, la hipocresía y el daño que se le ocasiona a diferentes pueblos del mundo por el simple hecho de tener en sus territorios petróleo o ser una ruta para el tránsito del mismo. Ahora es la época de asegurarse las fuentes de abastecimiento del crudo, mañana será el agua como en el pasado lo fue el oro, el hierro, los diamantes, el cobre, etc. El capitalismo es así y los capitalistas usan a sus gobiernos (transformados en gendarmes), a sus pueblos (convertidos en soldados) y a los recursos de sus país para invadir, conquistar o destruir países y gobiernos (en vez de satisfacer las necesidades sociales de los pobres) con el único fin de garantizarse beneficios, ganancias constantes y crecientes para incrementar sus ya cuantiosas fortunas. Las empresas petroleras, automovilísticas y las de la industria bélica se cuentan entre las más ricas en el mundo.

Eso es el capitalismo en su modalidad imperialista más evidente, pero existen otras formas menos visibles mediante las cuales saquean al tercer mundo y nos limitan o impiden cualquier posibilidad de desarrollo y nos condenan a vivir en la miseria, mientras ellos usan y derrochan la mayor cantidad de recursos del planeta. Esas formas no evidentes, las encontramos en el intercambio desigual en nuestras relaciones comerciales, lo cual se traduce en una transferencia de valor desde nuestras economías ya pobres a las suyas para que puedan seguir siendo más ricas; en los préstamos que representan también otra fuente de succión de valor desde nuestras economías hacia las de ellos; la inversión extranjera directa desde las formas tradicionales hasta la maquila que significa otra fuente importante de transferencias de plusvalor hacia las empresas imperialistas; la tecnología que importamos, los pagos por uso de patentes, de marcas, etc. también representan importantes mecanismos de transferencias de recursos desde los países subdesarrollados hacia los desarrollados y como si esto fuese poco, también existen transferencias de capital, bien o mal habido, de los ricos del tercer mundo hacia los bancos del primer mundo. 

Siendo así como funciona el capitalismo, las posibilidades de salir algún día de la pobreza en el tercer mundo es, sencillamente, una quimera. Prometerlo sin antes cambiar el sistema es la mentira más grande que se le puede decir a un pueblo, porque sencillamente es imposible.

¿Cómo no ser anti imperialista, si esta es la máxima expresión del capitalismo? ¿Cómo no ser anti capitalista tanto a nivel nacional como internacional, si es su racionalidad la que tanto daño ocasiona a la humanidad? ¿Cómo no serlo si es a causa del capitalismo que los adelantos científicos y tecnológicos logrados por la humanidad no pueden estar al servicio de la humanidad sino de unos cuantos? ¿Cómo no ser un acérrimo enemigo del sistema si la humanidad pudiera tener satisfechas sus necesidades materiales y dedicar sus vidas a tareas menos degradantes que producir riqueza para unos cuantos empresarios capitalistas?

¿Cómo no ser anti capitalista si se nos informa que la pobreza se ha democratizado en el mundo, cuando lo que debería democratizarse es la riqueza? Claro, no nos dicen que es a causa del capitalismo. Pero, obviamente, así es porque existe una excesiva concentración de la riqueza, porque en este sistema el que no tiene acceso al dinero no puede comer, vestirse, curarse, educar a sus hijos, distraerse, transportarse…Nada se puede hacer si no se tiene dinero. De allí que quienes no encuentran empleo, o una fuente de ingresos aceptable por el sistema acudan al robo, al comercio de drogas, a la prostitución, a la corrupción, al secuestro para tener acceso a las mercancías que el sistema les exhibe, les ofrece, les anuncia, les promueve, les oferta a cambio de dinero, porque a los capitalistas lo único que les importa es el dinero, el que luego transforman en capital y después en poseer más y más bienes materiales, los cuales no son capaces de disfrutar ni aunque vivieran mil años. Pero es que ya no importa el disfrutar de la vida, el ser feliz, lo único que importa es tener y tener. ¿Podrá alguien pensar que para ser feliz se necesita tanta fortuna como la que posee Bil Gate? ¿Y para qué la tiene entonces, para qué busca incrementarla año tras año, mientras más de mil de millones de personas carecen de los bienes más básicos y elementales? ¿Podrá pensar alguien que para ser feliz se necesita tener todos los bienes que tienen los ricos de nuestro país, mientras la población pobre emigra porque en nuestro país no ve futuro? Y claro, para asegurarse sus fortunas tienen sus partidos, controlan la asamblea, el gobierno, y hasta poseen sus ejércitos privados. Y siguen acumulando riqueza y siguen explotando a sus trabajadores y siguen negándoles, incluso, el salario mínimo, para tener más beneficios, más dinero, más riqueza. ¿No le parece a usted que esto es absurdo, es inmoral, es injusto? Lo vea desde la perspectiva que lo vea, racional, ética o religiosa, usted estará de acuerdo en que el capitalismo no es un sistema que le convenga a la humanidad. Y que el ser anticapitalista es una necesidad histórica de todos los pueblos del orbe. 

Pero déjeme señalarle otras cuestiones. Está bien estar contra el modelo neoliberal, la forma que reviste el capitalismo actualmente en nuestros países, pero sería mejor estar contra el capitalismo y contra cualquier modalidad que este revista. Está bien estar contra la guerra, pero estaría mejor estar contra el sistema capitalista que es la causa de las guerras en última instancia. Está bien afirmar que otro mundo es posible pero sería mejor afirmar que se es anticapitalista y trabajar por un nuevo proyecto de sociedad alternativa. Está bien ser ecologista, pero sería mejor ser anticapitalista que es la causa de la destrucción, degradación y contaminación ambiental en última instancia.

Por todo esto y más, soy anticapitalista. ¿Y usted?

(*) Académico y colaborador de ContraPunto