Aquiles Montoya (*)

SAN SALVADOR-Veamos primero una razón de carácter general y ésta es la siguiente: cualquier problema económico, social, cultural, político, jurídico, ideológico o ecológico, si se analiza bien y se va hasta la raíz del mismo, se encontrará siempre que a la base está el sistema capitalista y su racionalidad, esto es, la búsqueda incesante de maximizar ganancias. Y cualquiera pudiera pensar pero qué de malo tiene el buscar obtener ganancias, si se hace de una manera legal, será, obviamente, un acto legítimo.

Cualquier empresario podrá argumentar: Nosotros, les pagamos a nuestros trabajadores el salario que establece la ley, pagamos los impuestos conforme lo establece la ley, producimos artículos que la ley nos autoriza a producir, lo hacemos con técnicas no contaminantes del medio ambiente. Durante más de cincuenta años hemos venido produciendo bebidas alcohólicas que son el deleite de la población e, inclusive, hemos colaborado con el deporte nacional realizando muchas donaciones, las cuales, obviamente, deducimos de los impuestos como lo establece la ley. Y como además hemos sabido administrar muy bien la empresa, hemos logrado acumular una cuantiosa fortuna y ahora somos una de las familias más ricas del país, lo cual obviamente más que motivo de vergüenza es motivo de orgullo, ya que con nuestras empresas damos empleo a muchos miles de trabajadores y contribuimos al bienestar de la población y al engrandecimiento de nuestro país.

Veamos el caso anterior, donde se apela a la legalidad y de donde se deduce que el actuar es legítimo. ¿Qué es ley? Los que hacen las leyes la han definido como una expresión de la voluntad soberana que manifestada en la forma prescrita por la constitución manda, prohibe y permite. Es una norma de conducta, de comportamiento y en eso no hay discusión. El problema comienza cuando se arguye que es una expresión de la voluntad soberana y se nos ha dicho también que la soberanía reside en el pueblo. Si esto fuese así, ¿usted cree que el pueblo se decretaría unos salarios mínimos que no bastan ni siquiera para comer, o que se nos obligue a pagar el 13% de impuesto en cualquier compra o que los impuestos en general castiguen a los más pobres y premien a los más ricos, esto es, que sean regresivos? 

Las leyes en cualquier sistema capitalista están elaboradas pensando en que funcione el sistema capitalista y para que ello ocurra, se buscará que los capitalistas tengan aseguradas sus ganancias y con ello la posibilidad de acumular más y más riqueza. 

Pero volvamos a nuestro empresario y a su legalidad argumentada, de la cual deduce la legitimidad de su conducta. ¿Será legítimo que el empresario haya acumulado una cuantiosa fortuna, mientras que sus trabajadores sigan igual de pobres? ¿Cómo es posible que si el trabajador es quien crea la riqueza, participe de manera tan desigual en la distribución de la misma? ¿Será legítimo que existan unas pocas personas muy ricas, inmensamente ricas, mientras otras muchas, muchísimas, sean muy pobres, pobrísimas? ¿Y cómo se explica que unos se hagan muy ricos, los menos, y otros, los más, a pesar de trabajar y muy duro, sigan siendo pobres? Obviamente, porque unos explotan a los otros. Porque de toda la riqueza que crean los trabajadores una mínima parte va para ellos y la gran mayoría va para los ricos. Para el trabajador sólo va el salario, y es por eso, que los ricos siempre buscan pagar poco. Ya que de cada trabajador a su servicio, exprimen una buena parte de la riqueza que éste genera. La explotación del trabajador es la única forma de entender, por qué unos se hacen muy ricos y otros permanecen pobres, a pesar de trabajar toda su vida útil. Y claro, cuantos más trabajadores sean explotados más riqueza acumulará el empresario capitalista. El sistema funciona así.

El empresario alega que su actividad es legal, ciertamente, la ley le permite producir bebidas alcohólicas. Hubo un tiempo en que esta actividad fuente de grandes beneficios, era exclusiva del Estado, seguramente, porque era el Estado mismo el que tenía que cargar con los costos sociales que provoca el consumo de bebidas alcohólicas. Pero como la burguesía siempre ha querido controlar todas las actividades económicas que generan beneficios, se privatizó la producción de bebidas alcohólicas, como después se han privatizado los bancos, las comunicaciones, la distribución de energía eléctrica, las pensiones y quieren ahora privatizar los servicios de salud y el agua. ¿Pero será legítimo que el empresario de marras promueva el consumo de una bebida alcohólica, que es sabido que genera adicción y lo haga de la manera más cínica asociando su consumo a los deportes y estimulando el mismo entre los jóvenes? Y que a pesar de ser responsable de haber propiciado la adicción y todos los daños y costos sociales que ello conlleva, no pague por ello, mientras acumula una cuantiosa fortuna. Y que adicionalmente ocurre que nadie le ha llamado narcotraficante a pesar de que trafica con una droga. El sistema es así, adecua la moral y los principios a la conveniencia de los capitalistas, de allí que al narco-empresario se le considere un modelo de empresario, de un hombre emprendedor y de éxito..  

Este es el capitalismo, así es el sistema en el que vivimos. ¿Vivimos? Vivir tiene que ser otra cosa, algo distinto a pasar nuestra existencia trabajando, algunos tan sólo para no morir de hambre, otros para tener unas cuantas cosas materiales, otros para pagar la casa, los muebles y los aparatos; otros que adicionalmente pagan el carro, el colegio de los hijos, el seguro de salud y de vida, el teléfono, el cable, la lavadora, la secadora, los pasajes de avión, la cuota del club, etc, etc. Levantarse a las cuatro de la mañana, tomar el autobús a las cinco, llegar al trabajo a las siete salir a las cuatro, a las cinco o a las seis y retornar a la casa a las siete, a las ocho, o a las nueve, medio dormidos, mal comidos y cansados, para iniciar la misma rutina al día siguiente. Y todo para ganar el salario mínimo en una maquiladora ¿Será esto vida? Yo creo que la vida tiene que ser otra cosa. Pero el capitalismo sólo ofrece vida a la burguesía y a quienes son sus cómplices. Aunque tampoco estoy muy seguro de eso. Pienso que tampoco ellos tienen vida, tienen cosas, tienen dinero, casas, piscinas, carros, aviones, yates, etc. Pero muy poca vida. La vida tiene que ser otra cosa.

También por esto soy anticapitalista. Estoy por la vida, no por la mera existencia, por muy cómoda que pueda ser.

(*) Académico y colaborador de ContraPunto