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Benjamín Cuéllar (*)  

SAN SALVADOR - Acababan de ejecutar al jesuita Rutilio Grande y monseñor Romero aún no había calentado la silla arzobispal. El país hervía y los poderes económico, militar, político y mediático conspiraban contra la posibilidad de arreglar las cosas "por las buenas". No había dónde perderse. Los "malos" eran "malos" en serio y los "buenos" eran "buenos" o –al menos– parecían serlo. Era 1977, mayo, y las cosas no pintaban nada bien para un país como el nuestro: pobre, pequeño, lleno de gente, violento y dizque con instituciones pero de caricatura, maleadas y secuestradas, haciéndole daño a quienes no tenían poder para enfrentarse a los "dueños del poder". Era mayo y hoy es, treinta y cinco años después, mayo de nuevo. ¡Cuántas cosas han cambiado y cuántas no! ¿O no? ¡Digan si no!

En aquel mes de aquella época, buena parte de la juventud salvadoreña era rebelde. Y esa buena parte rebelde de nuestra juventud tenía el valor suficiente para enfrentar al autoritarismo castrense y a sus prácticas, sin miedo y dispuesta a encarar las fuerzas represivas, a no agachar la cabeza. Pero ahora, en palabras de una persona muy querida, el país parecen haberse convertido en el "Reino del revés": acá nada el pájaro y vuela el pez.

A estas alturas del partido, ¿qué queda? Un partido bastante "partido" que da tristeza y conmiseración, cuando uno se acuerda lo que fue antes de que su dirigencia entregara primero las armas y luego todo lo demás: ideas e ideales. A esa dirigencia ya no le alcanzan las ganas siquiera de hacer bien las cosas o, al menos, que parezca que las hacen bien; ya no vibra ni cuando se trata de arengar a una militancia de la cual, si no toda, hay alguna parte que no se esfuerza por pensar. Así, sin más. Ve al enemigo donde no está, pero lo presiente y siente porque sus "gurús" junto con sus "adoratrices" son tan "simples". Entiéndase por simple, lo que dice el diccionario: "

Desabrido, falto de sazón y de sabor". Eso son, por lo menos.

Lo peor que le están sirviendo la mesa a quienes se chupan los dedos sabiendo que cada vez más tienen todo para regresar, con "piel de oveja", a mandar del todo en el país. Sigan atacando a jóvenes rebeldes que defienden lo poquito de instituciones que tenemos. Aplaudan la indecente venganza política contra el digno presidente de la Corte Suprema de Justicia y muevan obedientes la cabeza aceptando, sin más, las espurias "justificaciones" que les dan sus paladines. Grítenle y vuelvan a gritarle "areneros" y "escuadroneros", "asesinos de Romero y de los jesuitas", a quienes quieren la justicia y trabajan porque algún día le llegue a un país como el nuestro: ¡huérfano de la misma!

De verdad, ahora dan pena los "revolucionarios" de antes. Mayo, mayo… En 1975 mataron a Roque los de entonces; Villalobos y "Jonás" entre ellos, por citar un par. En 1977, el primer día, los cuerpos represivos atacaron con saña una concentración previa a la marcha de la clase obrera –que era y tenía "clase"– con un saldo mortal de ocho víctimas que quedaron tiradas en el Parque Cuscatlán. Ese mes, pero en 1979, gente buena y entregada dio su vida para salvar las de Facundo Guardado y Ricardo Mena, par de dirigentes del Bloque Popular Revolucionario –el mítico BPR– que fueron capturados por el régimen el primer día de mayo. Tiempos aquellos, de los cuales no se añora el derramamiento de sangre sino el ardor del compromiso…

Hoy, de 1994 a la fecha, el primero de mayo marchan separados y toman posesión de sus cargos alejados, muy alejados del dolor de la gente… Su exitoso aliado, quien les ayudó a meterse en Casa Presidencial, ni a eso llega; pero los tiene quietos y bien portados. Sin embargo, la paciencia tiene un límite. Es, como canta el inigualable blusero mexicano Guillermo Briseño, "un recurso natural no renovable si se quiere hablar en nombre de un país".

¿Hablará y actuará el pueblo? Ya es hora, nuevamente. Lo hizo antes y lo puede volver a hacer contra los "dioses del poder y del dinero", sean de izquierda o de derecha. ¡Qué importa! Si al final los ideólogos de antes que enarbolaron las banderas del "socialismo" y del "capitalismo", ya las arriaron y hoy se abren paso con la del cinismo descarado y complaciente; pero, sobre todo, muy conveniente para sus "huesos". Así, quienes dicen ser "salvadores de El Salvador", se están paseando en el mismo.

(*) Columnista de ContraPunto