Aleksander Aguilar (*)

La apuesta brasileña puede dar resultado si la renovada atención internacional probarse útil para hacer avanzar las soluciones

LONDRES - Brasil hizo una apuesta, y la tendencia en mi opinión, es ganar. El reciente y extraordinario protagonismo del país en la América Central, con el episodio Honduras, transciende toda la estrategia de lenta aproximación con el istmo que se ha estado desarrollando en las relaciones con El Salvador.

La oportunidad literalmente le golpeó la puerta y Brasil no la ha desperdició. La decisión de Lula de recibir Zelaya en la embajada en Tegucigalpa fue la chance de adquirir un alto perfil en los esfuerzos para poner un fin a la crisis.

Brasil puede se ver arrastrado dentro de una complicada disputa por el poder en la nación centroamericana, que está lejos de su esfera de influencia sudamericana, pero eso se presenta como un camino para ampliar su liderazgo hemisférico.

Los Estados Unidos, como ha sido visto por muchos gobiernos de la región, no ha tomado una postura lo suficientemente enérgica como para revertir el golpe, lo que incluso podría ser una acción consciente y deliberada, para empezar a ganar el espacio que ha perdido lentamente en la última década en esta parte del mundo y que históricamente ha sido manipulada a su gusto.

La apuesta brasileña puede dar resultado si la renovada atención internacional probarse útil para hacer avanzar las soluciones. Y la diplomacia de Brasil, calculando esos riesgos, cree que el contexto es favorable para que ese avance ocurra. Había una necesidad de actitud, y Brasil lo hizo. Ahora la OEA y mismo Hillary Clinton ya afirma que la presencia de Zelaya en el país es la perfecta oportunidad para que sea retomado el orden constitucional con su reconstitución a la presidencia.

Convertirse en un nombre esencial en Latinoamérica es la estrategia diplomática de Brasil para consolidarse en el escenario mundial e incluso aumentar sus posibilidades de ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Es verdad que el país tiene poca influencia en Centroamérica pero las relaciones en desarrollo con El Salvador desde el año pasado, y ahora más y más estrechas con el gobierno Funes, aumentan esas perspectivas en el istmo. El episodio Honduras es un movimiento a parte en esa estrategia, conceptualmente radical desde el punto de vista táctico, pero con real perspectiva de victoria. Brasil amplia su influencia en Centroamérica con El Salvador y ahora con Honduras.

(*) Periodista y corresponsal de ContraPunto en Reino Unido