Por Mario Castrillo (*)

SAN SALVADOR - Dagoberto Nolasco (1956) es un artista que no cesa de estar presente en mi memoria endemoniada. Dagoberto es un “raro”, un ser peculiarmente creativo cuya obra debe estudiarse a fondo.

El año 2009, en ocasión de ser nominado Artista del Mes en el Museo de Arte de El Salvador, expuso una obra de caballete excelente: “Reflexiones, augurios y ficciones”. Antonio Bonilla y el que escribe estas líneas tuvimos el gusto de brindar un conversatorio sobre la obra de Nolasco, en la cual escogimos una serie de símbolos recurrentes en el artista con el objeto de abordar su obra e intentar desentrañarla.

 

Lo primero en destacar de su obra fue el “horror vaciu”. El horror al vacío que encontramos en diversas manifestaciones artísticas de la antigüedad. Los Celtas, los vikingos, el arte bizantino, el arte islámico, el barroco y rococó hicieron uso de él profusamente; en la modernidad el artista M.C. Escher (1898-1972) ha sido uno de sus máximos exponentes. El vocablo se asocia especialmente al crítico e investigador italiano Mario Praz (1896-1982), quien lo usó para describir el ambiente angustioso y desordenado del diseño de interiores en la época victoriana (1819-1901), cuando Inglaterra llega a la cúspide al propiciar, en esa época, la idea de progreso social, económico, científico y tecnológico. En el arte, la época victoriana se manifestó por el rechazo al romanticismo y la búsqueda de un nuevo realismo.  El término Horror Vaciu procede del latín y significa literalmente “miedo al vacío”. Si bien Praz lo empleó en el mundo del arte, ya Aristóteles (384-322 Antes de Nuestra Era) afirmaba que la Naturaleza nunca dejaba un sitio en blanco sino que evolucionaba para "comerse" el vacío.

 

Otra de las imágenes recurrentes en Nolasco es la mariposa, empleada como augurio de la muerte. Indagando con el artista, este manifiesta que la imagen del lepidóptero proviene de la creencia popular de que las mariposas, especialmente aquellas de gran tamaño que suelen tener en sus alas el dibujo de un “ojo”, son las que anuncian la muerte y por ello suelen espantarla prontamente de su aposento y casa de habitación. Nolasco va más allá, dibujando en ocasiones, en las alas de estas mariposas una calavera.

 

Recordemos que en diversas culturas la mariposa es símbolo del Alma, como en la antigua cultura Celta; para los chinos lo es de la Inmortalidad al igual que para los griegos. En el cristianismo es símbolo de resurrección. Lo innegable es, en cualquiera de sus acepciones,  que debe forzosamente pasarse por la muerte o al menos, estar en contacto con ella.

 

El ojo, el órgano de la visión, es otra de sus obsesiones. El ojo es símbolo de la omnisciencia, de la sabiduría total. El omnisciente es aquel al cual nada le está oculto. Algunas culturas, como la griega, lo relacionaban con el sol; para los místicos es la sabiduría, el conocimiento. En Nolasco es indiscutible que el ojo representa el conocimiento absoluto, el ojo al cual nada le está oculto y por eso, en la obra que nos ocupa, se reflejan o se integran en él infinidad de seres y acontecimientos.

 

Es frecuente también encontrar en las obras de este magnífico dibujante diversos puntos de fuga y una concepción de espacio infinito. En esto se emparenta innegablemente con Escher. Este artista holandés se especializó en la creación de mundos imaginarios, de mundos hipotéticamente posibles.

 

La Teoría de los mundos posibles, desarrollada principalmente por Lubomir Dolezel  busca una aproximación semántica al hecho ficcional, es decir, a través de su significado y no de su forma externa. Esta teoría sustenta que toda ficción crea un mundo semánticamente distinto al mundo real, pudiendo alterar o eliminar algunas de las leyes físicas vigentes en el mundo real, o bien conservarlas y construir un mundo cercano -si no idéntico- al real.  En estos mundos posibles es  viable afirmar que serían verdaderas aquellas situaciones que cumplen con las reglas propias del mundo posible creado por la ficción, o considerar como falsos aquellos que las infringen.

 

Dagoberto Nolasco es un “especialista” en la creación de mundos posibles, de posibles e hipotéticas realidades y en este punto su obra nos remite a los griegos. Platón (427/428- 347 antes de Nuestra Era) consideraba a las obras poéticas como imitaciones de los objetos reales, que a su vez estos objetos reales eran imitaciones de las ideas puras, creando a su manera “mundos posibles”. A su vez, Aristóteles sostenía que todas las obras literarias copian a la realidad, con base al principio de lo verosímil, y esto los acerca a la teoría de la mimesis. Sin embargo, la obra de Nolasco parte de la realidad pero no se propone una imitación formal de la misma. En esto se diferencia de la concepción sobre la mimesis de Aristóteles. En una serie de obras realizadas durante el conflicto armado muestra en especial el ambiente de represión gubernamental irracional y desmedida que caracterizó a esa etapa de nuestra historia patria sin recurrir al realismo social o al realismo socialista, sino desde su propia trinchera: el realismo mágico o surrealismo. Dagoberto Nolasco no se identifica con la mimesis, sino con el mundo de la ideas, con el universo de los mundos posibles.

 

Durante la Edad Media (500-1500) se tendió a eliminar los límites de lo real, lo irreal o incluso lo inverosímil. La Divina Comedia del escritor italiano Dante Alighieri (1265-1321) y más tarde, casi tres siglos después, El Quijote de la Mancha del español Miguel de Cervantes (1547-1616) son un ejemplo donde lo real y lo irreal aparecían mezclados e indivisibles para los lectores de su época, y en las obras de Dagoberto observamos similar fenómeno pero ubicado dentro del arte moderno.

 

La obra “Reflexiones, augurios y ficciones” le tomó a Dagoberto Nolasco ocho años de arduo trabajo y no pocos desvelos y preocupaciones. Según Nolasco surgió del hecho de observar atentamente la ventana de su vecina y de ahí fueron surgiendo imágenes de objetos y sujetos, sucesos cotidianos y otros un tanto fuera de serie.

 

La obra es un ojo que nos observa impasible. Esta obra de Nolasco se acerca a las del pintor Jerónimo Bosco (1450-1516). Entre las obras de Nolasco y las del Bosco existen similitudes y grandes diferencias. El estilo del Bosco recogía los espectros de los últimos años de la Edad Media, mostrando el espíritu popular y las ansias de salvación después de la muerte. El Bosco es un pintor moralista: muestra la debilidad y las tentaciones a la que son sometidos los seres humanos. Esta es una de las diferencias fundamentales entre ambos artistas, ya que Nolasco no busca moralizar, impactar a su público para que se arrepienta de su conducta o de sus perversiones.

 

Entre los aspectos que tienen en común podemos señalar que el Bosco confiere a los objetos de uso cotidiano un sentido radicalmente distinto para el que fueron creados y convierte la escena en un suceso delirante, al igual que Nolasco. Es una obra llena de simbolismos e incluye personajes fantásticos que nos hacen rememorar los bestiarios románicos (S XII). Los cuerpos de los seres humanos generalmente son una mezcla de animales y humanos, a veces son dos animales que experimentan una extraña simbiosis.

 

Tanto las obras de Jerónimo Bosco como las de Dagoberto Nolasco destacan por la imaginación desbordante. El termino Imaginación proviene de latín imaginatio y consiste en hacer abstracción de la realidad y presentarnos otra totalmente diferente. Otro aspecto importante en ambos artistas es la fantasía. Del latín phantasĭa que, a su vez, proviene de un vocablo griego, la fantasía es la facultad humana que permite reproducir, por medio de imágenes mentales, cosas pasadas o representar sucesos que no pertenecen al ámbito de la realidad. Estos sucesos pueden ser posibles o irrealizables.

 

En “Reflexiones, augurios y ficciones” todo es significativo, hasta su propio nombre: el término Reflexiones se refiere al proceso de meditar, a la capacidad humana proporcionada por el raciocinio, que le permite pensar detenidamente en algo con la finalidad de sacar conclusiones. Augurios proviene del latín Augurius, de augurium, y es sinónimo de presagio, de adivinación. Y Ficciones, que hace alusión a la Teoría de los mundos posibles de la que hemos hablado ya.

 

En esta obra aparecen representados una serie de imágenes recurrentes en Nolasco -a las que hemos hecho referencia-, figuran además escenarios disímiles, personajes monstruosos, objetos extremadamente alterados, e incluso la concreción en imágenes de profundas emociones que impactan tanto al artista que las crea como a cada uno de nosotros en cuanto observadores de la obra.

 

Hace ya algunos años, a raíz de una exposición que el artista tuviera en la Alianza Francesa de San Salvador, escribí unas líneas con las cuales deseo cerrar estas cavilaciones:

Lo que se ve, lo que no se ve

Si tuviese, como Dagoberto Nolasco, la cualidad de percibir aquello que no se ve a simple vista pero que está ahí, agazapado como un animal al acecho junto a nosotros, me acosaría el temor de poner un pie en la calle y, a la vez, -como una dialéctica de la realidad-, quedarme encerrado en casa donde el salvaje animal también estaría esperando… Sería ese un asunto crucial en mi vida: cómo resolver esa contradicción conservando la cordura sin dañar a ese animalito feroz.

Dos cualidades de Dagoberto Nolasco deseo destacar: La calidad óptima del dibujo, y la otra, a la que me he referido ya, la imaginación exuberante que se comporta como un pequeño monstruo desbordante.

 

[TEXTO DEL MISMO AUTOR: Los primeros pasos en el arte centroamericano]